Monday, April 12, 2010

Miren, yo los entiendo. No tenemos el mejor culo y nuestros muslos rechonchos se rozan cuando caminamos. Hay celulitis también, no vamos a empezar a mentir ahora, y unos rollitos en la espalda, mínimos, abajo de la estructura del corpiño que nos hacen apretar bien las muelas a la hora de darle la espalda al espejo. Pero somos personas también, eh. Hablo de nosotras, las del club de chicas simpáticas.

Te remamos todo nosotras. En una reunión de amigos bajón somos las que ponen play a esas canciones que sabemos todos; que agarramos la guitarra y, desafinadas, cantamos sin pudor. En una asado de fin de año nos alzamos como las ebrias que, en las fotos, salen con maracas fosforescentes y escasas de ropa. En un mal momento te hacemos un chiste, te relajamos, te abrazamos. Entendemos que una sonrisa, a veces, es también una promesa. Somos una más de los chicos, hablamos su idioma, entendemos sus códigos. Y, ok, en una cita también somos las que sacamos tema tras tema, las que nos acercamos y palpamos la mercancía sin ruborizarnos, con una frescura que la linda (histérica por naturaleza y antagonista de la simpaticona) jamás tendrá.

Y no nos va mal: somos mayoría las narigonas, las petisas, las chatas, las patudas... o, como yo, las culonas. Pero cada tanto cae uno que da en la tecla; que nos susurra, con sus acciones, que ser simpática no alcanza. Como si fuese lo único que nos define; como si nuestra suscripción a este club negase nuestra sensualidad o nuestra inteligencia. A vos te hablo. Sí, sí, a vos, el que me hizo dudar de mi sex-appeal.

No tenés idea de lo que te perdiste.

NdA: Escribí esto hace como 40 años, me pareció un texto alegre, con mucha actualidad (!!)

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posted by Florence at 1:08 PM | 14 comments