Tuesday, March 23, 2010



Me pongo muy sentimental cada vez que llega el 24 de Marzo. Me pongo cursi, me pongo triste, me pongo muy sensible. Es raro, supongo, porque nunca viví en dictadura: nací en 1987 y siempre intuí que era cierto aquello que decía Alfonsín — que con la democracia se come y se educa. No había razones para dudar: después de años de dictadura, la democracia era un bálsamo, una promesa, el remedio para todos los males. No tardamos mucho en entender que la democracia era un jarabe con gusto feo y que no garantizaba la igualdad, ni la representación, ni la justicia. Muy pronto, de hecho, entendimos que la pelea para que todos gocemos de una vida digna es larga y dura; una lucha de todos los días que no termina con la elección popular de nuestros representantes. Pero supimos, también, que era un buen comienzo. Que lo que venía no podía ser peor que lo que dejábamos atrás. Aprendimos, en estos casi 40 años, que la democracia es un bien de todos y que es nuestro deber cuidarla. Nada mal para un país con 200 años de historia.

Supongo que también me pongo triste porque hay argentinos, una minoría quiero pensar, que todavía no entienden el valor de la memoria. La historia son miles de pequeños enlaces que nos unen — a mi con vos, con vos, con vos y con vos — y nos dicen que pertenecemos a un mismo todo, que nos pasaron las mismas cosas. Cuando la herida de 30,000 muertos y 500 bebés robados no puede cerrarse, se hace difícil caminar hacia adelante. ¿Cómo podemos avanzar si a Estela todavía le falta Guido? ¿Cómo podemos, como sociedad, mirar a los ojos a los familiares de nuestros desaparecidos? No podemos. Y por eso es importante la memoria; por eso es importante la justicia. No sólo es fundamental, les diría, sino también saludable.

Por último, recuerdo a Rodolfo Walsh, un tipo que no necesita introducciones pero que se las merece: dramaturgo, traductor, escritor y periodista, supo hacer del periodismo, de la literatura, una cuestión abiertamente política. Pionero en el género del non-fiction, escribió “Operación Masacre” muchos años antes que Truman Capote y su “A Sangre Fría” y supo relatar, como nadie, las injusticias que nos atraviesan. Lo recuerdo este 24 porque este es también un aniversario de su muerte: el 25 de Marzo, pero de 1977, lo mataron en la esquina de San Juan y Entre Ríos después de entregar decenas de su Carta a la Junta. Su cuerpo fue llevado a la Escuela de Mécanica de la Armada (ESMA) donde continúa desaparecido.

Es viejo ese refrán, el que dice que la verdadera muerte es el olvido, pero es cierto en el caso de Walsh. Digo, cuando me preguntan por qué quiero ser periodista, cuando me interrogan por mis afiliaciones políticas, la respuesta siempre es la misma: quiero ser la voz de los que no tienen voz; luchar por aquellos que menos tienen. No quiero el periodismo estéril o el malalechismo crónico de algunos. Quiero un periodismo comprometido; quiero ser periodista como Rodolfo Walsh.

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posted by Florence at 5:34 PM | 7 comments
Wednesday, March 17, 2010

Vivo para ustedes. Y entonces cuando hace unas semanas me enteré que existe un servicio que se llama "Formspring" pensé en este colectivo de gente copada que son los lectores de That's All I'm Saying. ¿Siempre quisieron preguntarme de qué cuadro soy? ¿Se mueren por verme defender el modelo Nacional y Popular? ¿Quieren saber más sobre Monica o "elchicoquemerompióelcorazón?

Bueno, pueden hacerme preguntas acá. Mientras tanto sigo sin escribir algo que valga la pena. Ya sé, ya va a llegar.

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posted by Florence at 8:49 PM |
Friday, March 05, 2010


¿Se acuerdan cuando hace un año les contaba mi teoría sobre las losers; de cómo algunas personas socialmente retrasadas sentían afinidad conmigo y se negaban a soltarme? No quiero repetir posts pero esto que tengo para contarles vale la pena.

Resulta que hace dos semanas empecé a trabajar devuelta. Yo ya conocía a Monica y no sólo por nuestras interacciones ocasionales en sala de maestros... la conocía por su fama. ¿Cómo explicarles quién es Monica? A veces, cuando intento describírsela a mis amigos, siento que las palabras no sirven; que no existen adjetivos suficientes para poder dibujarla en la mente de otro porque la realidad, la espantosa realidad, siempre será más bizarra. Siempre.

Monica tiene 30 años, sí, pero en realidad tiene 80 y no por sufrir del Sindrome de Benjamin Button; simplemente es de esas mujeres asexuadas que van por la vida usando joggings gastados y zapatillas, que mezclan el colorado más radiante con un corte que nada tiene que envidiarle al de Cristobal Colón y que para sujetar los anteojos usan cordones solamente vistos en octogenarias que hacen cola para cobrar la jubilación. Es una gordita de cara redonda pero nada en su forma de ser, en su manera de comportarse, grita voluptuosidad. Su boca diminuta, usualmente pintada de un rojo que parece querer combinarse con la sangre de sus granos explotados, sonríe la risa más falsa que haya visto en la vida. Cuando abre la boca pequeños hilos de saliva parecen querer advertir lo peor: esta mujer es, en realidad, una caricatura, un monstruo, alguien cuya descripción me resulta inverosímil y por lo tanto imposible de comunicar.

Quisiera poder decir que las excentricidades de mi nueva compañera de trabajo terminan acá, que mi actitud es prejuiciosa y superficial... pero no.

Monica es competitiva y jodida. Cuando entro a su grado trata de tapar con su cuerpo la tarea del día, temerosa de que la copie y me quedé con sus laureles. Es terca y egoísta. Pero lo que más me molesta son sus besos en el aire. Saben de lo que les hablo, ¿no? De esos besos que la gente da, casi encima del cachete pero un poco en el aire, esos besos tan típicos de las personas no acostumbradas a demostrar afecto pero que, calculadoras, saben que es la regla social hacerlo. Sé que el hecho de que esa boca diminuta y babosa este lejos de mi cuerpo debería alegrarme pero esos "besos en el aire", esas palmaditas suaves en la espalda, sólo sirven para incrementar mi ira.

Esta loser se pegó a mi, no por su propia voluntad, sino por circunstancias externas. Y estoy segura que el día que le da la espalda no voy a ser yo la que se baje del colectivo una parada antes, para evitar hablarle: va a ser ella.

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posted by Florence at 10:48 PM | 13 comments