Wednesday, November 25, 2009

Cuando en 2006 empecé este blog tenía más pelo, estaba cursando el CBC, los sábados iba a aprender guitarra y estaba enamorada. Entre apuntes y apuntes, leía blogs con una voracidad que hoy me asombra: Bestiaria, Son Cosas Mias, Bien Ahí, Orsai... me hacía tiempo para aprender a leer bloggers nuevos todos los días. Rápidamente aprendí sobre feeds, sobre templates, sobre HTML, sobre moderación de comentarios. Hice muchos amigos también, de 2006 a esta parte. Y no lo van a creer pero algunas parejas nacieron a través de este blog; hubo gente que se conoció por primera vez a través de los comentarios de esta página de mierda.

El otro día estaba leyendo un libro de Alejandro Pischitelli- "La imprenta del siglo XXI"- y de cómo lo más importante para tener y mantener un weblog son las ganas de seguir escribiendo. Siento que por momentos las ganas de seguir garabateando sobre "elchicoquemerompióelcorazón" se me van por completo. Pero otros días viene Diego Gualda y, en el Diario Perfil no less, me pone en un top 10 de Blogs Femeninos Más Relevantes y me acuerdo de todas las cosas geniales que trajo That's All I'm Saying a mi vida y las ganas vuelven, y siento que quiero bloggear sobre cómo "elchico..." hoy es mi amigo y cómo, cuando nos ponemos borrachos, a veces hablamos de las cosas que más nos dolieron y que yo escribía para ustedes, que eran lo único que sentía realmente mío.


Me pongo muy maricona porque este blog es anónimo y no puedo compartir con nadie - nadie que me conozca realmente- que existe alguien que piensa que mi blog está bien escrito. Tal vez es que hoy también, como en 2006, hay cosas que sólo puedo compartir con ustedes.

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posted by Florence at 7:41 PM | 19 comments
Tuesday, November 17, 2009

Hace poco llegue a una conclusión escalofriante: cuando sea vieja- pero vieja en serio, con medias de nylon por abajo de la rodilla, polleras que pican, saquitos con agujeros, anteojos y canas- voy a ser de las que le pinchan las pelotas a los chicos cuando, sin querer, la patean para este lado de la medianera y arruinan las plantas.

Yo siempre pensé que iba a ser de las abuelas cool que cuentan cuentos de aventuras, que hacen tortas de chocolate ricas y que, secretamente, le regalan caramelos a sus nietos- a pesar de las protestas de los padres, siempre tan hinchapelotas. En serio, siempre pensé que iba a ser la abuela preferida, la buena del barrio, a la que todos recuerdan con cariño. Mi plataforma abuelistica iba a ser simple y dulce: Cuentos, golosinas y abrazos. Una combinación irresistible que aprendí de la única abuela que me quiso.

Pero no. Tengo 22 años y paso la mayoría de mis días con los dientes tan apretados que es posible que no llegue a los 30 con mi dentadura original. Mis nervios de acero, a fuerza de dos carreras y dos trabajos, se derriten por los bordes: en épocas de finales- como estas- es difícil que no me largue a llorar por cualquier cosa o te mande a la mierda cuando me preguntas si tengo una lapicera de más. Soy de esas, las del ceño fruncido; las que, en los años dorados, uno reconoce por la calle como frígidas de por vida. Saben de quién hablo: minas que no se pueden relajar, que fuman puchos en la esquina, que siempre pero siempre le devuelven a tu sonrisa una cara de orto sin precedentes.

Es un destino triste el que me espera; un cementerio de pelotas muertas, un jardín con olor a pís de gato, una silla con un almohadón desde la que vigilo a mi terruño. Es importante que sepan que escribiendo este post, prendiéndome este porro, tomándome este vino y tocandome por abajo de la mesa- ¡soy pura fuerza de voluntad! ¡Puro falsacionismo cientifico! - estoy trabajando a tiempo completo para torcer mi destino.

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posted by Florence at 5:26 PM | 7 comments
Tuesday, November 03, 2009

Yo la digo una vez al día. Las situaciones varían, es cierto, pero esa frase está casi siempre lista en la punta de mi lengua. En el tren, en el salón de maestros, atrás del volante... chupala, imbecil. Chu-pa-la.

Estoy segura, aparte, que no soy la única. Néstor se muere porque Clarín se la chupe. "Mamamela", le suspira Bonelli a Sylvestre cuando se pelean por ser el periodista más chupamedias de TN. Y cuando, en el '86, Maradona le hizo ese delicioso gol con la mano a los ingleses, toda una Nación le gritó a otra to suck it... yeah, baby you may win the war but the cup is ours.

Entonces, ¿cuál es? No sé pero el otro día, leyendo comentarios doñarosistas en Twitter y La Nación, me di cuenta que una de las pocas cosas que no le perdonan a Maradona es ser letalmente honesto. Argentinamente honesto, es decir, una mezcla rara de cinismo, narcisismo y muchas puteadas. Es que es cierto: Maradona es soberbio, es vicioso, es una contradicción ideológica andante (en su brazo conviven un tatuaje del Che con su reloj Rolex Menxmista) pero ninguna de estas cosas chocan con su genialidad futbolistica o con su capacidad para generar pasiones encontradas- o, ¿por qué no? con su talento especial para generar frases maravillosas.

Y el que piense: "Yo nunca hubiese hecho lo que hizo Maradona", se debe a si mismo una cuota de honestidad. Si ustedes, como él, fuesen presas del periodismo deportivo (la peor clase de periodistas que existe, se sabe), también se sentirían acorralados, sin salida, propensos a putear a las prostitutas intelectuales que, a veces, somos los periodistas. Somos argentinos y está en nuestros genes culturales salir del apuro usando nuestra picardía verbal- negarlo es contradecir el Ser Nacional.

La opinión pública no existe, se crea. Y cuando Maradona abre la boca- indignado, cansado, revanchista - 80 millones de oídos se paran y escuchan. Los ojos los tenemos cerrados, por las dudas: no vaya a ser que, sin querer, la tele nos devuelva- no la cara rechoncha del 10- sino la propia, deformada por nuestro propia esencia maradoniana.

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posted by Florence at 1:22 AM | 11 comments