
Envidio a esas mujeres. Sí, envidio a las que pueden ponerse de novias con chicos buenos, que las quieren, que las tratan bien, que les regalan chocolates en San Valentín. Envidio que se puedan sentar en el sillón a mirar una película con papá y mamá, que escuchen música acurrucados, que post-coitus tengan algo de qué conversar. Los chicos buenos te respetan, te esperan, te tocan sencillamente en los lugares más correctos. Está bueno que te esperen mientras te probas vestidos en el shopping y, aunque estés redonda como un barril, te respondan que estás lindas cuando preguntas: "¿Y? ¿Cómo me quedan?"
Sé que existen chicas así, que pueden ser felices con eso, que no se hacen la cabeza, que no analizan las cosas de manera anal y espantosa. Pero yo no, yo no puedo. Es que a mi sólo me pueden los forros.
Miren, vamos a hacerlo fácil: los hombres son simples y, en esa simplicidad, sólo pueden categorizarse en dos grupos- los buenos y los forros. Los buenos te acarician el pelo mientras dormís; los forros sólo te acarician la cabeza cuando les ofreces un blowjob. Lo peor es reconocerse fan de los segundos; es entender que sólo cuando un hombre te trata como una porquería sos capaz de sentirlo digno de vos. Sólo hay un grupo de mujeres, decididamente masoquistas, que se atreven a confesarlo en público: nosotras, las demás, sólo nos conformamos con demostrarlo cada vez que dejamos que un tipo nos toque por abajo de la remera en público y permitimos que la pulsión- esa que los forros saben despertar tan bien- se apodere de nuestro sistema nervioso central, el único soldado que nos quedaba contra la memoria.
Después de todo, ¿qué mujer que se respete como tal elegiría a Dr. Chase por sobre House? ¿Qué clase de ser humano se quedaría con los besos insípidos de un buen chico cuando puede tener los labios de James Dean?
Labels: corazones rotos, the joys of being a woman, vicios


posted by Florence at 2:14 AM