Wednesday, July 29, 2009

JH y María están enamorados. No se ven mucho pero se aman. No conozco los pormenores de la historia pero seguro no me equivoco en asumir que es un amor típico de nuestra era: encuentros apasionados espaciados en el tiempo por una buena conexión WiFi. Viven lejos, es cierto, pero hacen que funcione.

No estoy segura pero me gusta pensar que la historia de los cartoncitos empezó en una de esas noches desafortunadas en las que el servidor de alguno de los dos decidió dejar de funcionar. JH, tranquilo, agarra el celular y la llama. "Gordo, quedate tranquilo- pienso que ella le suspira, sacándose las lagañas de los ojos- mañana hablamos mejor. No pasa nada". Pero sí pasa. A JH le va a costar dormir esa noche porque hay cosas que no pudo decirle a ella, la mujer de su sueños. Cierra los ojos y, como una presentación en PPT, ve los momentos más felices de su vida. En todos está ella.

Y recuerda, entonces, una mañana en Chicago en la que, al despertar, se encontró con una notita en la mesita de luz que lo cautivó con su simpleza: "I love you". Pff. El amor es raro: nos infla el corazón de una manera tan absoluta que resulta extraño que tres palabritas nos hagan sentir tan livianos. JH entiende el poder de las palabras pero también el de los pequeños grandes gestos. Esa misma noche escribe su primer cartón y se lo manda por mail. Después vendrá el blog y la popularidad y las entrevistas y etcs.

Es una injusticia a esta historia pensar que JH es un idealista y que la mayoría de los cartones van a ir a parar a la basura (o a la papera de reciclaje). ¿Mi teoría? Que quiere crear un puente largo, larguisimo, entre sus dos estados... un puente real e indestructible hecho, enteramente, de frases de amor.

La historia real la leí acá, en el blog del Capitán Intriga.

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posted by Florence at 2:42 AM | 3 comments
Friday, July 24, 2009


Escena 1. Ella se sienta adelante de la computadora, nerviosa. Sentarse es un decir: está acostada en su cama, con la notebook en la panza- una panza que no para de darle vueltas. Así es el amor, dicen. Ella no lo sabe. Nunca estuvo verdaderamente enamorada en su vida pero, a veces, cree que ya le ha llegado la hora. Es una chica moderna que sabe que su destino está en sus manos. Cita a Shakespeare en voz alta: "The truth, dear Brutus, is not in the stars, but within ourselves". En su versión moderna sería algo así como que si se queda en el molde, es posible que no pase nada, pero si se arriesga, es posible que lo pierda todo- su dignidad, inclusive.

Ella entiende que la decisión es difícil y, sin haberlo meditado aún, se aproxima al teclado con palmas sudorosas y escribe. Después de todo, es lo mejor sabe hacer.

Escena 2. Está terminado. Este mail tonto, que le llevó casi dos horas de borrar y espaciar, ya esta listo para mandarse. Lo relee. Y lo vuelve a releer. Y lo relee devuelta. Hay algunas partes que le dan dolor de panza- no es la notebook que le pesa, se dice a si misma, sino el miedo a que la mande a la mierda. Este hombre no es cualquier chico- es un HOMBRE. Y en su mente este hombre tiene la pija más grande del mundo, hace delirar a todas las mujeres, se las quiere coger a todas. Ella no lo conoce- no realmente, a pesar de haberse sentado a presenciar sus clases con un interés casi morboso- pero lo ama. Es que ella es una nena para él- una nena que no entiende nada del amor.

Escena 3. El cursor baila sobre el "send". Ella no se anima a apretarlo. De repente y de la nada, la sobreviene un impulso frenético y con un click determina su destino.

"NOOOOOOOOO," grita. Se quiere matar. Cierra la ventana con furia, como si ese acto cancelase el anterior. Esto fue una mala idea desde el principio. Ahora él lo ve a leer y va a saberlo todo: que ella lo ama, que tiene fantasías tontas con su voz, que en la cama a veces se le escapa, como un susurro, "Professssor". No, no es tan tonta. No escribió esas cosas. Pero cree que en la tímida invitación a tomar algo él va a intuir sus secretos más oscuros. Después de todo, se jugó: le reconoció que le parecía atractivo y que ahora que se había terminado la cursada, quería verlo... socialmente. Por un segundo se siente mejor. Después se acuerda de lo que acaba de hacer y se siente la pelotuda más pelotuda que alguna vez pisó esta tierra.

Escena 4. Ella se va a dormir. Cierra su notebook, apoya la cabeza en la cama y sueña con que él le dice que sí. Lo que no sabe, no lo sabrá hasta la mañana siguiente: que escribió mal su dirección y que, en rojo furioso, aparece la consigna: "Mail Delivery Subsystem to me. This is an automatically generated Delivery status notification. Delivery to the following recipient failed permanently".

Sí. Deberá pasar por todo esto otra vez mañana.

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posted by Florence at 4:57 AM | 8 comments
Friday, July 17, 2009

Diego Gualda
no lo sabe. Hoy se levantó, se tomó un café (siempre imaginé que a Gualda le gustaba el café negro con un poco de azúcar o, ahora que es una fenómeno editorial, un poco de edulcorante, para cuidar su figura) y se sentó en su computadora. Abrió su Facebook, leyó sus feeds y me dejó un comentario preguntándome cómo estaba. Diego Gualda no lo sabe- no tiene manera de saberlo- pero su comentario va a disparar una reacción en cadena que me va a llevar a volver a That's All I'm Saying.

Lo primero que hago es dudar. ¿Tengo realmente ganas de sentarme a escribir? ¿Voy a hacerlo con regularidad o me va a durar una semana? Dudo porque no sé responder estas preguntas y porque sé que no importa la respuesta. Tengo ganas de escribir esto y lo voy a hacer- no porque alguien lo lea o lo aprecie sino porque se me canta.

Lo segundo que hago es pensar en el estilo- una especie de optimismo esperanzador meets cinismo descorazonado. Me pregunto si sigo siendo así y llego a la conclusión de que sí. Me reconforta la idea de que puedo seguir escribiendo sobre series y películas, sobre música y desamores, sobre la universidad y el trabajo. Pero también sé que cambie, que irremediablemente cambie y que no me conozco- a mi esta versión 2.0 de mi misma- escribiendo That's All I'm Saying. Puede funcionar. Puede que no.

¿A quién le importa?

Vuelvo a esto que conozco y que amo- escribir sobre boludeces- no porque me da placer la idea del retorno sino porque no podía soportar estar lejos.

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posted by Florence at 5:36 PM | 8 comments