
Diego Gualda no lo sabe. Hoy se levantó, se tomó un café (siempre imaginé que a Gualda le gustaba el café negro con un poco de azúcar o, ahora que es una fenómeno editorial, un poco de edulcorante, para cuidar su figura) y se sentó en su computadora. Abrió su Facebook, leyó sus feeds y me dejó un comentario preguntándome cómo estaba. Diego Gualda no lo sabe- no tiene manera de saberlo- pero su comentario va a disparar una reacción en cadena que me va a llevar a volver a That's All I'm Saying.
Lo primero que hago es dudar. ¿Tengo realmente ganas de sentarme a escribir? ¿Voy a hacerlo con regularidad o me va a durar una semana? Dudo porque no sé responder estas preguntas y porque sé que no importa la respuesta. Tengo ganas de escribir esto y lo voy a hacer- no porque alguien lo lea o lo aprecie sino porque se me canta.
Lo segundo que hago es pensar en el estilo- una especie de optimismo esperanzador meets cinismo descorazonado. Me pregunto si sigo siendo así y llego a la conclusión de que sí. Me reconforta la idea de que puedo seguir escribiendo sobre series y películas, sobre música y desamores, sobre la universidad y el trabajo. Pero también sé que cambie, que irremediablemente cambie y que no me conozco- a mi esta versión 2.0 de mi misma- escribiendo That's All I'm Saying. Puede funcionar. Puede que no.
¿A quién le importa?
Vuelvo a esto que conozco y que amo- escribir sobre boludeces- no porque me da placer la idea del retorno sino porque no podía soportar estar lejos.
Labels: blog


posted by Florence at 5:36 PM
Post a Comment