
Entre todas las cosas que no me salen (tomar sprite sin gas, bancarme una clase de reconocido periodista amante de la ortografía sin dormirme, bailar con ritmo, la plancha en la pileta, etc) tener conversaciones irrelevantes con personas con las que me encontré azarosamente es una de ellas. No es tanto que no soporte verlos o la hipocresía que implica preguntar por la vida de personas que no te importan. Son más los silencios incómodos que aparecen intercalando preguntas taradas las que me sacan de quicio.
Supongamos que A y B son compañeros del colegio. A y B no se ven desde que terminaron de cursar, hace unos tres años. A le toca el hombro a B (¿por qué A es tan tarado de venir y tocarle el hombro a B, no se da cuenta que B esta esperando plácidamente el tren, escuchando música, que no quiere conversación, que si estuviese en sus manos lo evitaría?) y se desarrolla una conversación monótona, en donde se preguntan mutuamente como andan y sobre sus estudios. A esto le sigue una pausa hasta que uno, armado de valor pregunta: "che, ¿y te seguís viendo con C? ¡No se separaban nunca ustedes!". Después, la respuesta y después la pausa y después un suspiro.
Verte con personas que conocían a una versión diferente de vos es raro porque volvés sobre tus pasos: es como si, de repente, B (o séa yo, por si no se dieron cuenta) volviese a estar en 5to año con todo el boludeo mental que eso implica. Odia volver a verse insegura, ñoñisima (más), vulnerable... ni hablar que a veces no se siente tan orgullosa de su vida como para andar desplegando sus fracasos y victorias en la plataforma gris de un tren que no llega.
Así que mientras A habla, B se tambalea, juega con los bolsillos de la cartera, se toca el pelo, busca rápido en su cabeza excusas para no tener que pasar 20 minutos al lado de una persona que no soportaba entonces y que difícilmente soporte ahora. Y entonces, dos posibilidades: la honestidad o la mentira. Usualmente concocto una excusa sublime, perfecta, mientras empiezo a caminar y me ven alejarme a paso rápido. Pero hoy me cansé: había dormido 3 horas, rendido un parcial muy por debajo de mi capacidad intelectual, tenia hambre y nauseas al mismo tiempo y todavía me quedaba mucho por hacer. Así que dije lo que nunca había dicho: "Odio estas conversaciones fortuitas, nunca sé que decir. Bueno, che, chau".
Bueno, che, chau. No era tan complicado.
Labels: confesiones


posted by Florence at 10:09 PM



