
Durante mi corta estadía por la cosssta Argentina leí una biografía muy interesante de King Henry VIII. Okay, tal vez estoy usando muy liberalmente la palabra "interesante" porque te tendría que gustar la historia- y dentro de la historia, la historia inglesa- para encontrar al libro pasable. Pero la razón por la que lo recomiendo, la razón por la que me encuentro un domingo escribiendo sobre este libro es porque YO, a veces, me siento King Henry VIII. VOS, a veces, te sentis King Henry VIII. Y te voy a contar como llegue a esta conclusión desgarradora.
El viernes salí con mis amigas. La idea era comer un asado, tomarnos unos tragos y partir hacia una fiesta que prometía ser chotisima, como la mayoría de las fiestas en las que termino cuando estoy medio borracha y me dejo arrastrar hacia lugares que jamás pisaría sobria. De todas maneras, camino a esta fiesta (1) nos encontramos con quien más sino con "elchicoquemerompióelcorazón" himself y su novia hermosa y copada. Estaban abrazos y alegres, felices de haberse encontrado, y- como no podía ser de otra manera- palpando con sus lenguas las amígdalas del otro. No hace falta que diga que la sangre se me fue del cuerpo, ¿no? porque eso fue lo que pasó. En un segundo me estaba riendo y disfrutando de la compañía de gente que quiero y en el otro me encuentro con estos indeseables y dejo de sonreír.
Pero eso no fue todo. Felices de habernos encontrado, nos abrazan y nos preguntan hacia donde vamos y deciden, sin dudarlo, unírsenos. Así que fuimos todos juntos, en patota, a esa fiesta llena de adolescentes granudos en la que tuve que hacer de DJ improvisada mientras, a 5 metros, los veía abrazarse y bailar y mirarse a los ojos y sonreír. Yo, mientras tanto, me sentía una mina vieja y sin dignidad porque, en serio, me tendría que haber ido a los 3 minutos y no a las dos horas. Pero, la verdad, no sé. Me paralizó la bronca de que todo esto todavía me siga importando y entonces me quedé ahí parada, tomando un Gancia batido (que odio) y pasando música ochentosa para un grupo de chicos que ni siquiera habían nacido cuando yo bailaba estas canciones.
Así que cuando llegue, me tiré en mi cama y mirando el cielorraso pensé en mi y en ellos y en lo tonta que me siento siempre que me los encuentro. Ya no es bronca por lo que pasó, ya es bronca dirigida hacia mi porque no puedo salir de ese circulo vicioso de self-pity en el que estoy metida hasta los codos. Y en mi mesita de luz estaba Henry, recordándome lo que le pasaba a las mujeres que se metían con el corazón del rey: Divorced, Beheaded, Died. Divorced, Beheaded, Died. Y sonreí porque descubrí que si el viernes pasado hubiese tenido el poder para hacerlo, yo también hubiese puesto las cabezas de los que me lastimaron en picas, en el medio de una plaza pública, para demostrarle a todos los que quieran verlo, lo que le pasa a las personas que se meten con mi corazón.
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posted by Florence at 1:03 AM






