
Este post esta más cerca de formar parte de twitter que de blogger pero lo tengo que decir: los maestros somos personas también. Aclaro esto que parece obvio porque, honestamente, no lo es.
Esta conclusión deviene de una discusión acalorada que mantuve hoy con un nene de 13 años . Believe it ir not, todo el colegio me escuchó gritar la irónica frase: "DON'T YELL AT ME! YOU ARE SO RUDE!" cuando este nene de octavo- ¡octavo!- me levantó el tono de voz haciéndose el copado adelante de sus amiguitos- que son unos infelices como él- negando y re-negando que le había gritado noséqueguarangada a uno de mis alumnos que estaba parado al lado de ellos con la boca abierta. Obviamente y como era de esperarse, no le creí nada y salte en defensa de los mios que son- en mi mente- siempre los débiles, los que no se pueden expresar, los que necesitan con urgencia un paladín de la justicia.
Analizando la situación fríamente, me doy cuenta que I should have known better. Quiero decir, definitivamente no estoy capacitada para hablarle pedagogicamente a ningún nene de 13 sobre NADA pero menos sobre este asunto de las reglas y el respeto. Aparte mi poca paciencia con los adolescentes- mi hermana también esta en octavo- debería haberme servido de argumento contra mi misma, y tendría que haberme quedado callada en vez de vociferar mi opinión. Si, debería haber hecho un pequeño informe detallando nombre, descripción física y cantidad de amonestaciones que correspondían según el caso, pero claro, no lo hice. Sure, I should have known better pero la rabia pudo más.
Con toda la fuerza del mundo, una fuerza que me salía de los pulmones, grité un fuerte: "Excusssssse meeeeee????" que hizo volar a todas las palomas del patio (si es que en el patio hubiese palomas, pero como no las hay tuve que inventar esto último para agregarle dramatismo al relato). Dicho en palabras de mi madre: me puse en el mismo nivel que un nene de 13 años y pretendí ganar una discusión que supe perdida desde el momento en el que abrí la boca. Pero ojo, durante los breves minutos en los que conseguí ganar la discusión a fuerza de muchos gritos y movimientos de manos, fui feliz y me sentí realizada. Verán, cuando yo era adolescente ningún profesor NUNCA pudo ganar ningún tipo de confrontación conmigo. Y ahora que las tablas se dieron vuelta y soy yo la que pone las reglas, que mi invicto siguiese intacto era motivo de festejo. No cualquier alumno puede decir que las ganó todas y no cualquier teacher puede decir que siempre salió aireoso de una discusión idiota.
Pero cuando me di vuelta, feliz de haberme hecho valer, solo escuché risas y burlas por parte de este grupo de infelices llenos de granos que nunca la van a poner en su vida y que están destinados a ser los biggest losers de San Isidro yet. Y, okey, sé que yo también fui esa infeliz que se burlaba de sus profesores pensando que sabía más- and in all honesty, en algunos casos esto era una realidad- y se hacia la cool y la copada pero les juro y les recontrajuro sobre las veinte velitas de mi último cumpleaños que hoy mientras me alejaba de ese grupo de inverbes con las orejas rojas y los puños cerrados, con mi invicto roto, insultandolos silenciosamente en todos los idiomas y haciendo una revisión mental de los puntos que iba a incluir en mi informe, nunca me sentí más feliz de haber crecido y haberme alejado de toda esa histeria y rebeldía que son los teen years.
Igual sé que hay una ley de Murphy escondida en todo esto del tipo: "Por cada batalla ganada como alumno, perderás diez como profesor" o "Si como alumno te reías de tus profesores, cuando seas profesor tus alumnos se reían de ti..." o algo por el estilo, aunque esta última se parezca más a algo encontrado adentro de una fortuna cookie. Es lo que hay. I am only human.
Labels: the joys of teaching


posted by Florence at 9:15 PM
No duraria ni un minuto.
Le meto un cross de derecha que lo dejo estampado contra la pared y pisoteo los dientes que le saque, lo escupo y me voy a la remierda solo...
jejej
por eso no soy docente, no es lo mio :P