Thursday, March 21, 2013
1, No hablaba con Juan desde hacía un mes. Desde ese viernes en el que le corté el teléfono gritándole y tomé la decisión de respetar su decisión: si no quería saber más nada conmigo entonces no iba a insistir más. Me costó al principio: había que ocupar el tiempo y de manera urgente me sumergí en un especial gordito para el trabajo, me anoté en un curso de inglés, empecé a bailar los sábados a la mañana, retomé pilates, acepté invitaciones a cualquier evento.

2. Cuando te separas, descubrí rápidamente, el tiempo se mide en recuerdos a los que hay que evitar como a la gripe. Una unidad de tiempo -- recordar la primera vez que nos agarramos de la mano, esa vez que cogimos en público, cuando festejamos su cumpleaños con una cindor y un cupcake, pobres pero felices- significa cuatro capítulos de mi libro preferido o una tarde con mis amigas o darle mil besos en la panza a mi gatita. Cuando nos separamos nos volvemos mejores versiones de nosotros mismos no porque queramos sino porque no nos queda otra; si de sobrevivir se trata hay que volverse distraídos seriales.

3. "Hace frío sin vos pero se vive". Leí ese graffiti el otro día y me hizo mierda. La vida sigue pero sin Juan y qué clase de vida es esa, me pregunto a veces. Más tranquila, capaz, más feliz, quizás, con menos sexo mediocre, tal vez, pero sin la alegría pequeña pero recurrente de saber en qué anda, si logró vender su auto al final, qué piensa de que Bergoglio se haya hecho papa, pelearnos porque odia a Cristina y yo la adoro, decirle que no me quieren aumentar el sueldo y qué hago, Juan, qué hago. Se vive sin vos, sigo viviendo, respiro, voy a laburar, me río, me toco y acabo, hablo con chicos lindos, la vida sigue y está bien que así sea, pienso la mayoría del tiempo.

4. Hasta que lo encuentro en el subte. No debería pasar, en una ciudad de millones de personas, en un radio en el que trabaja al menos un millón, seguro, encontrarnos en el mismo vagón del mismo subte a la misma hora y que se pare adelante mío. Cuando lo veo pienso "hacete el boludo, por favor, no vengas para este lado" pero él no me ve y, de acuerdo, tampoco nunca lo nuestro fue la telepatía.

5. "Hola Juan", le digo. Voy a un evento feliz, con dos compañeras del trabajo. Juan no sabe que ellas saben quién es él, entonces la pilotea, como si fuésemos desconocidos.
"Hola", me dice, sorprendido de verme ahí, sin levantar del todo la vista. Sigue jugando con su celular.

Lo miro, nos miramos, y a él no le sale preguntarme cómo estoy. Tal vez esa sea la diferencia. Durante todo este mes de no hablarnos, estos dos meses de no vernos, yo no dejé de pensar en él un día de mi vida. Lo pienso, lo lloro, me preocupo por sus cosas en silencio. Pero a él no le importa saber si estoy viva o muerta y eso duele, irremediablemente, como si te apagasen un cigarrillo en el pecho, con toda la mala leche del mundo.

6. Siempre le tuve miedo a los finales pero me doy cuenta de que no existen. Nunca me voy a terminar de despedir de Juan porque lo tengo adentro mio, lo llevo a todos lados, y además por nuestros laburos nos vamos a seguir viendo, hablando. Entonces lo que me queda son estos encuentros, llenos de toda la bronca y el resentimiento de los despechados, porque de Juan no se puede esperar otra cosa que un cercenamiento incapaz, lleno de carne rota y nervios sensibles que quedan, como mi corazón en ese vagón de subte, totalmente al descubierto.
posted by Florence at 11:44 PM | 3 comments
Wednesday, February 06, 2013
Pensar que Juan está en Buenos Aires replanteandose nuestra relación -- qué ya no va, cuánto no me extraña, qué tranquilo está sin mi- me pone triste. Estoy lejos, es eso, y no podemos hablar seguido aunque eso tal vez sea mejor: una oportunidad para entender que hay vida post-Juan, que se puede disfrutar de una pizza entera (acá en Italia las pizzas se comen enteras, como primer plato, pero son finitas y eso me hace sentir menos culpable) y caminar muchas cuadras para bajarlas, con el viento frío en la cara, sin pensar en que hoy no me llamó.

Las relaciones no van más, se terminan, eso ya lo sé. En parte este viaje por Europa, tres semanas, con mi hermana a cuestas, mis viejos pagando todo, se trata de desprenderme, desprenderlo, y no debería perder eso de vista. Por más que, mirando por la ventana del tren, desee con toda la fuerza del mundo que vuelvan esos mejores momentos de mimos en la rodilla mientras maneja con convicción y quiera compartir con él todo lo que veo, todo lo que pruebo, como esta pasta carbonara que seguramente le encantaría aunque seguro después le haría dolería la panza. O como frente al duomo de Florencia seguro se quejaría de lo cara de la entrada, perdiendo de vista la perfección de tanta simetría. A veces pienso que extraño más su mal humor, esa persona que se inventa para alejar a los otros, sus quejas constantes ante la vida, que cualquier otra palabra de amor.


Pero estar triste porque Juan ya no me soporta -- me dijo eso antes de irme, cuando le pedí una linda despedida, "ya no soporto nada de lo que haces"- es mucho más digerible en Génova que en Buenos Aires. Cuando me agarra un nudito en la garganta porque me acuerdo de las últimas cosas que nos dijimos, cómo no me despidió, la distancia que pone entre nosotros, me acuerdo quién de los dos está en Europa y mañana va a comer un tiramisú glorioso mirando el Mediterraneo. I've got 99 problems in Europe but an asshole aint one.





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Thursday, January 17, 2013


1. En Fatal Attraction Glenn Close se enamora del personaje de Michael Douglas cuando cogen un fin de semana. Él tiene una mujer y una hija pero a ella no le importa: lo quiere para ella, a toda costa, porque sabe que supieron ser felices en esos momentos de breve intimidad. Cuando él la rechaza ella no puede soportarlo: se quiere matar, lo persigue, secuestra a la hija y le hierve el conejo-mascota. Termina todo mal para Glenn. Cuando quiere matarlo, termina con un disparo en la bañera.

De alguna manera el personaje de Glenn Close es el resumen perfecto de la locura en una pareja; la mina que no puede aceptar el rechazo, que las cosas cambiaron, y se empeña en querer torcer el destino.

2. "No quiero ser Glenn Close", le dije a Juan llorando el otro día.
"Entonces no lo seas", me respondió con mucha seriedad.

3. Tiene mucho que perder con mi locura. Juan vive con su novia en un departamento del que nunca supe la dirección ni el teléfono. Sí sé la localidad y que queda cerca del recorrido de ciertos subtes y colectivos. Puedo armar un radio alrededor de su hogar pero tendría que tocar al menos 1.000 timbres para lograr encontrarlo. ¿Y qué ganaría enfrentando su realidad sentimental? ¿Qué se separe, romperle el corazón a otra mujer que no tiene la culpa de haberse enamorado de un tipo así, que sufre igual que yo?

Pero cuando me amenaza con dejarme si no acepto sus condiciones, cuando es innecesariamente cruel conmigo, cuando se muestra frío y distante, me vuelvo loca, como Glenn, y le digo cosas horribles.

4. Cuando el viernes pasado me grita en la calle que lo deje en paz, que no me quiere, que no le sale estar conmigo, y me deja llorando en la salida de aire del subte que queda en la puerta de mi trabajo, no lo soporto y me levanto y lo sigo una cuadra. Perderte me vuelve loca, sí, le quiero decir. Te amo, te amé, creamos algo hermoso juntos, por qué me lastimas así. Y después pienso en Glenn, en el conejo hervido, y le pido perdón, irremediablemente. Nadie quiere terminar, como Glenn, muerta con un disparo en el corazón. Aunque en el plano metafórico, al menos, no haya otra opción.
posted by Florence at 1:19 PM | 2 comments
Monday, January 14, 2013

1. Cuando te estás separando sentís que el destino te está imponiendo una difícil prueba: esto te pasa solo a vos, estas ganas de hacerte bolita en la cama y llorar no le correspondieron a nadie antes en la historia.  Ponés música, elegís una radio cualquiera, y por primera vez escuchas la letra. Y entendes de qué hablan: de vos, de lo que te pasa, de esas ganas de morirte para dejar de sentir dolor que pensas que solo te corresponden.

2. Pero no. Un poco por intuición y otro poco por conocimiento de causa, sabés que hay otras personas que pasaron por lo mismo. Todas. "Heartache is not personal, is human", lees por ahí. "The plain state of being human is dramatic enough for anyone. You dont need to be a heroin addict or a performance poet to experience extremity. You just have to love someone", escribió Nick Hornby. Y es asi, muchachos.

3. Como sabés que no hay opción, que separarse es, aparentemente, una experiencia de vida, te interesa escuchar casos de éxito. Nadie los recopila, no hay libros sobre esto. Inclusive hay pocos blogs que relaten el paso-a-paso de olvidar definitivamente a alguien. Aunque hay libros de autoayuda, casi ninguno te dice: "Hice esto. Esto me funcionó, esto no". Pienso que eso sería de más ayuda que las cientos de páginas que se escriben describiendo las características del desamor. Ya sabemos que cuando alguien te trata mal hay que irse, que cuando se acaba el amor es mejor hacer las valijas. Pero nadie te explica cómo es que juntaron la ropa, la doblaron y pidieron el taxi que los llevó, definitivamente, a un lugar mejor.

4. Mi amiga Denise borró a su ex de cinco años de todos lados. No se permitió a si misma volver a llamarlo. Nunca más se vieron. A los tres meses conoció a Pao y encontró un mejor amor. No pensó en su ex, ni siquiera para desearle suerte: estaba demasiado feliz pensando en otra cosa.

5. A Fran le pasó distinto. Cuando "she who must not be named", como nos gustaba llamarle entonces, decidió que quería conocer a otras personas, se volvió loco. Empezó a insistir desesperadamente. Le compraba cosas, la perseguía, le pedía por favor que lo reconsidere. Era su primera novia y, él pensaba, la única. Cuando se separaron no la vio más por un año. Pero entonces ya era demasiado tarde: estaba Rochi para acompañarlo.

6. Los casos de éxito me dan la pauta de que es posible dejar de sentirse irremediablemente triste. Cuando te dejan, rechazan tu amor, sentís que no vales nada: si Juan no me quiere, si no desea todo lo bueno que tengo en el mundo para ofrecerle (mi amor), entonces, ¿por qué lo harían otros? El verdadero amor te atraviesa pocas veces en la vida y es natural, supongo, pensar que tardará en volver. Los casos de éxito son vacunas contra el dolor: te recuerdan que, inevitablemente, de cualquier tsunami emocional -- de esos que te ahogan,  te tiran para abajo- se sale nadando. Pero no sin -- claro-- el esfuerzo tremendo de la voluntad.


posted by Florence at 12:29 PM | 4 comments
Saturday, January 12, 2013

1. Conocí a Juan a través de un profesor de la facultad. Como suele ocurrir con las grandes historias de amor --las que se dan por casualidad- podría no haber pasado. Si Juan no se hubiese hecho amigo, hace casi 20 años, del que eventualmente sería el adjunto de una materia de Comunicación; si yo no me hubiese cambiado a una privada; si, como fantaseé en primer año, me hubiese cambiado de carrera, podría no haber sucedido. Me vio en Facebook, me contó al principio, y me dijo que tenía ojos hermosos. Grandes. Mucho después me haría llorar, mucho, y me contaría un secreto: que tiene el don de precisar exactamente el momento en el que voy a quebrar, "Ponés la misma cara del gato con botas".

2. "Hola".
"Qué linda que sos".
"Hablame, dale".


"Hola, ¿nos conocemos".
"No pero me pareciste linda".
"¿Vos no me habías agregado y borrado hace algunos meses?"
"Sí, es que justo te habías ido a Europa y pensé que te quedabas mucho tiempo. Las relaciones a larga distancia no funcionan :)"
"¿No tenías una novia, vos?"
"No, corté".

3. Me invitó a salir un par de veces. La primera le dije que tenía una fiesta cerca de su casa y que si quería podía pasar para conocernos. Me dijo que sí, que pasaba a darme un beso, y que otro día saliamos a tomar algo. No se dio, llovía mucho, me quedé en mi casa, no me importaba tanto verlo.

"Qué querés conmigo?", le pregunté antes.
"Qué pensas que quiero?"
"No sé, se me ocurren un par de cosas zarpadas"
"Bueno, decime los tres estadios: la zarpada, la modesta, la simple"
"Me querés conocer, besar, coger?"
"Todo eso, sí. Aunque no necesariamente en ese orden".

Cuando conocés a alguien y te gusta mucho te olvidas que dice boludeces. "Aunque no necesariamente en ese orden"? Me iba a coger antes de conocerme? A coger antes de besarme? Pero en ese momento se me había ido toda la sangre a la concha. Hablabamos horas, miles, yo le tiraba frases como "flujear la silla" cuando hablabamos cachondamente por Gtalk en la oficina o "Transar la concha" cuando hablabamos de técnicas que favoreciamos a la hora del placer. Estabamos calientes, Juan y yo, y aunque la primera vez fue una frustración entendimos muy rápido que al menos en ese plano eramos muy compatibles.

4. Un Campari. Siempre pido eso. Me siento y lo espero en Neocultural, un bar de San Isidro que abajo es lo más normal del mundo pero que arriba tiene un VIP con futones. Era un miércoles. 15 de agosto. Hacía frío pero me puse un vestido y unas calcitas y una campera de cuero. Estaba buenisima, al menos así me sentía. Lo esperé un rato. Estaba nerviosa. "Estamos en esto juntos", me había dicho antes. "Yo también estoy nervioso pero la procesión va por dentro", remató antes de salir de la oficina ese día.

Cuando lo vi no me gustó tanto. Era bajito, tenía pancita, todas esas cosas que después, enamoradisima, me parecerían encantadoras. Pero me gustó que cuando sonreía se le hacían unas marquitas en los cachetes. Me gustó, también, que hablase mucho, que no la tuviese que remar para nada. Me gustó que me agarrase la mano. Me gustó que diga "nos equivocamos de lugar" y nos llevase a los futones. Me gustó cuando me besó y se me tiró encima y me tocó en los lugares correctos. Me gustó cuando pagamos rápido y estacionamos el auto cerca del río y las calcitas quedaron olvidadas en el asiento de adelante.

5. No cortó. Tenía una novia con la que vivía. Me enteré un tiempo después. Ya enamorada, le dije: "Vos sos un tipo cómodo  Te querés ir de ahí pero no querés todo el quilombo de separarte. Pero te vas a enamorar de mi". "Me gusta esa confianza", me contestó.

6. Es antinatural separarse, por eso me cuesta tanto. Durante casi dos años compartís todo con esa persona: lo lindo y lo bueno (un nuevo laburo, viajes, experiencias), también lo malo y doloroso (conflictos, llorisqueos) pero, más que nada, a relatar lo mundano. Te acostumbrás al parpadeo naranja que anuncia su Gtalk en tu barra. Te acostumbras a verlo todos los días después del laburo. Te acostumbras a que te de besitos y te diga "Pupa" y que te quiere mucho.

Entonces no podés procesar del todo cuando, enamorada hasta el tuetano, te dice: "No te quiero más. En el futuro no estoy yo. Entendelo de una vez". Y así es como empieza, supongo, el principio del fin.
posted by Florence at 11:14 PM | 3 comments
Thursday, September 23, 2010

Escribí este relatito choto hace un tiempo. Disfrútenlo (!)

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Hace 9 días me tendría que haber bajado. 9 días, una semana y pirulos sin sangre entre las piernas. En cualquier otra circunstancia no me hubiese importado -- ¿cuántas veces cojo tanto y tan bien como para sentir ese miedo primitivo que acompaña los atrasos? No muy seguido.
Pongo el agua a hervir y me preparo un té. Espero el chiflido con las manos sobre la mesada de la cocina, de granito, fría. Lo espero con la espalda encorvada, derrotada. Tal vez pronto estos brazos dejen de sostenerme y me derrumbe sobre el piso pero por ahora me aguantan, veremos cuánto dura.


El agua no tarda en hervir, son sólo 5 minutos, pero es suficiente: el miedo de un embarazo a los 22 me lleva a pensar en él, responsable de mi angustia, y aquella tarde infame en el telo cercano a la facultad. El granito refleja la sonrisa que me arrancan los recuerdos: su camisa a cuadros que terminé usando mientras lo veía ducharse, sus dientes torcidos, la agresión con la que me dobló sobre sus piernas y me pegó – “¿Te gusta, putita?”—, la agradable picazón de su lengua mentolada contra la mia, la sensación indescriptible de sentirlo finalmente adentro y querer más. Esas cosas que él hace tan bien, esas respuestas que sólo él puede despertar. Pero la realidad es que él y yo somos nada y desde esa tarde que no hablamos.


Y eso hubiese estado bien. Pero ahora mientras el agua pega contra el saquito de té, mientras mi taza se tiñe de naranja, mi preocupación es otra: ¿estaré embarazada? Y si estoy embarazada, ¿cómo se lo digo a mis viejos? ¿Tendré los ovarios suficientes de tenerlo, abandonar la facultad, mi carrera, mi vida? ¿Me bancaré a esa plaga que persigue a las chicas jóvenes que quedan embarazadas, esa muchedumbre macartista que alguna vez integré con ganas, "el qué dirán"? Me juro y me recontra juro que si zafo, si estas tetas hinchadas son porque me está por venir y no por un bebé no deseado, jamás voy a burlarme o reírme de la valentía de otras mujeres para pasar esto que estoy pasando y sobrevivir. Yo siento que me ahogo con el peso muerto de esta responsabilidad potencial pero ellas aprendieron a nadar.


Igual ojalá no este. Ojalá mañana me despierte con toda la cama manchada, con sangre hasta los tobillos, con la cara pálida pero feliz de haber esquivado esta bala. Tomo el té y no me calienta ni me reconforta una mierda. Quiero llorar, quiero googlear cuáles son los síntomas, quiero saber antes que ignorar. Y por eso mañana mismo me voy a comprar un Evatest. Mañana voy a saber.


Cuando era chiquita el miedo eran extraterrestres que venían a secuestrarme, ladrones que querían violarme, fantasmas que hacían crujir los pisos de madrugada. De grande aprendí que el miedo son cosas simples: dos rayas azules que te cambian la vida.

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Thursday, August 05, 2010

Sos chica y tenés varicela. Tu abuela te obliga a quedarte en la cama-- el infierno para una enana que sólo fantasea con correr-- y te pega en las manos si te rascas. Te van a quedar marcas, te dice, cicatrices espantosas y nadie nunca te va a querer. Entonces no te rascas porque sos chiquitita pero no sos boluda: vas al jardín, sí, pero ya soñás con tu principe azul. Después te curas, te deja de picar, y volvés a hacer castillos con barro y soñar que sos una princesa. Vos no lo sabés pero adentro tuyo quedaron unos bichitos, qué sé yo, "anticuerpos" les llaman y no sos la misma. Digo, sos mejor: ya no te podés enfermar de varicela y entonces no hay chances de que te queden marcas espantosas en la cara y nunca nadie se anime a quererte, como predecía la abuela.

Pienso en esto siempre que me dejo de ver con alguien. Es que a veces, en el limbo entre cita del infierno y próximo flaco que me rompa el corazón, me acuesto en la cama, miro el cielorraso, pongo alguna canción de mi playlist de la muerte y llego a la conclusión de que no aprendí nada, de que siempre caigo en los mismos patrones; que mi vinilo siempre corre por la misma hendidura y repite la misma melodía, ad infinitum. Pero me equivoco, el árbol no me deja ver el bosque, me señalan la luna y me quedo mirando el dedo. Cada candidato que termina siendo un imbécil, cada relación tormentosa que termina, deja en mi -- como la proverbial varicela, como las terribles paperas -- unos anticuerpos, unos bichos, una garantía de anestesia ante ciertos golpes amorosos.

Entonces cuando viene el próximo "elchicoquemerompióelcorazón" casi que puedo reconocerlo -- desprende cierto olor a Colbert Blue-- y me preparo, yo y mis bichitos, para el golpe que con certeza vendrá, pero también con la esperanza de que esta vez me duela un poco menos.

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posted by Florence at 5:56 AM | 10 comments
Monday, June 28, 2010

Estoy dejando de fumar. No, mentira, no fumo, no estoy dejando el hábito que tantas satisfacciones le trajo a Jorge Lanata. Mis vicios son otros: los cupcakes de Piece of cake, el té de canela y jengibre, la torta de nueces y azúcar negra cuya receta me voy a llevar a la tumba. Y otros, menos buenos, como Twitter, los editoriales de La Nación, los posts de Dario Gallo... bueno, hay de todo. Y, como seguro ya saben, no todos los vicios nos traen satisfacciones. Cierta clase de tipos, ya lo dije mil veces, nos hacen mal.

Entonces, qué pasa cuándo la pregunta es cómo dejarlos. Cómo dejar ese último pucho, cómo renunciar a las tortas y empezar la dieta mañana -- ya, ya, ya, no el lunes, ma-ña-na --, cómo alejarse de Tweetdeck... cómo apagarte, flaco, cómo apagar estas ganas de que me aprietes contra la pared, de que no ignores la luz naranja de mi gtalk en tu barra. Cómo hacer para que estas cosas no me importen.

Con el cigarrillo, easy-peacy, me dice mi viejo. Cuando él dejó de fumar no engordó los famosos 10 kg pero sí fortaleció sus huesos: durante 1 mes cada vez que tenía ganas de fumar, se tomaba un vaso de leche. La dieta, bueno... no es tan fácil. Pero por lo menos tenemos en la cartilla de la obra social una lista de especialistas con cremas, dietas y planes para ayudarnos. Twitter se apaga, la tecnología puede ignorarse. Pero, ¿cómo lo dejas a él? ¿Cómo dejas a alguien que sabés que es malo para vos pero que querés conquistar, cueste lo que cueste, caiga quién caiga?

Chin up. Dignidad. Hay que recordar que no importa cuánto pienses que él es para vos, cuánto te angusties por los kg y kg que estás engordando esperando su llamada, sus textos, su voz; cuánto analices y sobreanalices "qué quiso decir". La realidad es que hasta que el amor llegue, hasta que las proberviales mariposas se muden a nuestra panza de manera permanente, el diágnostico es fácil y la cura sencilla: un clavo saca a otro clavo. El truque de una adicción dañina y permanente por otra que nos quite el aliento y que nos haga igual de mal.

Es que en el cigarrillo como en el amor, el secreto es la voluntad.

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posted by Florence at 4:17 AM | 9 comments
Monday, June 14, 2010


Todas mis interacciones con el sexo opuesto responden al principio de "Pija y disgusto". No les miento. Cuando mi amiga Cata me contó de qué iba esta teoría, sentí que se me venía el mundo abajo. ¿Con qué productor de "Basta de todo", el programa en donde ella escuchó el concepto, me habré acostado? ¿Tuve un rapidito con Cabito en algún baño público, de esos amplios, de discapacitados?

El concepto es simple, pero esclarecedor: cuando salís con un tipo, él usa la lógica del "pija y disgusto". Te da un poquito de pija -- lease "amor", "cariño", "buena onda" y también, literalmente,"pija" -- y después te da un disgusto -- entiéndase aquí "te deja plantada", "no te llama", "te deja colgada en el msn", "se aprieta a otras minas", etc. Lo maravilloso del "pija y disgusto" es justamente eso: es una gran metáfora en la que cada uno puede leer las situaciones que marcaron su propia vida.

Sé que parezco un disco rayado pero lo que tengo de desgraciada también lo tengo de honesta. ¿Cuál es el propósito de este plan tan cruel? ¿Cuál es la lógica macabra atrás de darnos y dejarnos? Entiendo que yo escribo todo el tiempo sobre el poder que tienen sobre mis los chicos malos, pero no hay necesidad de llevar esta regla al pie de la letra. Nos enganchamos con lo difícil, ok, pero las mujeres también queremos hombres maravillosos, como Rick Blaine, de sobretodo y sombrero, que sepan tocar a una mujer en los lugares más correctos. No hay necesidad de estos tipos que te manosean de parada y si te he visto no me acuerdo hasta que me vuelvo a acordar para hacer exactamente lo mismo.

O séa, yo tengo respeto por el chico malo. Siento que hay algo de admirable en un tipo que tiene claro que sólo te quiere en ciertas situaciones. Después vos elegís. Pero al simpático que te da pija y disgusto, que te suspira que te quiere y te deja de garpe, la peor de las condenas. La impotencia, ponele.

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posted by Florence at 2:44 AM | 10 comments
Monday, April 12, 2010

Miren, yo los entiendo. No tenemos el mejor culo y nuestros muslos rechonchos se rozan cuando caminamos. Hay celulitis también, no vamos a empezar a mentir ahora, y unos rollitos en la espalda, mínimos, abajo de la estructura del corpiño que nos hacen apretar bien las muelas a la hora de darle la espalda al espejo. Pero somos personas también, eh. Hablo de nosotras, las del club de chicas simpáticas.

Te remamos todo nosotras. En una reunión de amigos bajón somos las que ponen play a esas canciones que sabemos todos; que agarramos la guitarra y, desafinadas, cantamos sin pudor. En una asado de fin de año nos alzamos como las ebrias que, en las fotos, salen con maracas fosforescentes y escasas de ropa. En un mal momento te hacemos un chiste, te relajamos, te abrazamos. Entendemos que una sonrisa, a veces, es también una promesa. Somos una más de los chicos, hablamos su idioma, entendemos sus códigos. Y, ok, en una cita también somos las que sacamos tema tras tema, las que nos acercamos y palpamos la mercancía sin ruborizarnos, con una frescura que la linda (histérica por naturaleza y antagonista de la simpaticona) jamás tendrá.

Y no nos va mal: somos mayoría las narigonas, las petisas, las chatas, las patudas... o, como yo, las culonas. Pero cada tanto cae uno que da en la tecla; que nos susurra, con sus acciones, que ser simpática no alcanza. Como si fuese lo único que nos define; como si nuestra suscripción a este club negase nuestra sensualidad o nuestra inteligencia. A vos te hablo. Sí, sí, a vos, el que me hizo dudar de mi sex-appeal.

No tenés idea de lo que te perdiste.

NdA: Escribí esto hace como 40 años, me pareció un texto alegre, con mucha actualidad (!!)

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posted by Florence at 1:08 PM | 14 comments